Pandemia: “el riesgo mundial son los ‘remedios’ usados para resucitar las economías”

Entrevista a Sandra Díaz, científica argentina que integra la Plataforma sobre Biodiversidad que impulsa la ONU.

Por Leonardo Rossi, para Página 12

La pandemia abrió, aún tímidamente, algunos debates sobre el vínculo entre los virus, la destrucción de la naturaleza y los modelos económicos. Las voces dominantes en torno a cómo pensar la organización económica tras la crisis dejan poco lugar a los datos y las sugerencias que pueden aportar miradas como la de Sandra Díaz, una de las voces científicas argentinas de mayor prestigio en el mundo. Díaz integra la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES) impulsada por Naciones Unidas. Egresada de la Universidad Nacional de Córdoba y miembro del Conicet, esta doctora en Ciencias Biológicas llama a concebir la idea de “una sola salud” para comprender la salud humana en vínculo con la salud de los ecosistemas.

-¿Podría explicar qué vínculo existe entre las llamadas enfermedades zoonóticas, como es el caso de algunos virus, y la alteración a gran escala de la biodiversidad?

-Las enfermedades zoonóticas son aquellas donde el agente patógeno es transmitido a los seres humanos por animales. Es difícil establecer una regla general de cómo la alteración de la biodiversidad las afecta a todas, porque estamos hablando de agentes patógenos con formas de vida muy distintas, como por ejemplo virus, bacterias, hongos, protozoos, insectos, gusanos. Pero sí hay vínculos bien establecidos entre el avance sobre ecosistemas silvestres y algunas patologías. El caso de los virus como el covid-19 es paradigmático, lamentablemente. Hay millones de virus que infectan animales. Esto no es algo nuevo, siempre han sido parte de la naturaleza. La mayoría de ellos son inofensivos, porque nunca entran en contacto con la gente. Pero, dadas las condiciones propicias, cualquiera de ellos puede mutar y terminar infectando personas. Virus del tipo coronavirus son frecuentes en animales silvestres como los murciélagos de selvas tropicales. En los últimos setenta años hay un avance acelerado de las actividades comerciales sobre el hábitat de esos murciélagos, para extraer la madera, criar ganado, abrir fronteras agrícolas o establecer emprendimientos mineros. Generalmente esto implica abrir caminos que atraviesan el corazón de ecosistemas hasta entonces no fragmentados.

-¿Qué rol tiene el modelo alimentario en este sentido?

-Por un lado, estas poblaciones ligadas a estas actividades comerciales se asientan de forma precaria muy cerca del frente de avance sobre estos ecosistemas y necesariamente entran en contacto con la fauna, en muchos casos porque se alimentan directamente de los animales. Cazan los animales y los llevan muertos pero también muy frecuentemente vivos a mercados donde los animales están hacinados y bajo estrés, en condiciones de higiene muy deficientes, lo que los hace inmunodeprimidos, y ahí los animales silvestres entran en contacto también con animales domésticos y con la gente. A veces no se trata de actividades destinadas a la alimentación local, sino conectadas con el tráfico internacional de animales silvestres. En ambos casos es muy fácil que el virus mute y salte a nuevas especies, a otros animales silvestres cautivos, como pangolines, civetas, aves silvestres; animales domésticos como pollos, cerdos, camellos; y a las personas. Una vez concretado el salto, es muy fácil para el virus expandirse a través de la cría industrial de animales, generalmente hacinados e inmunodeprimidos. Por ejemplo epidemias virales anteriores se han originado en grandes criaderos de pollos y de cerdos. Una vez que el virus infecta personas puede expandirse muy rápido, a través del transporte de mercaderías y pasajeros a lugares remotos a lo largo y a lo ancho del planeta.

-Entonces en las bases están el sistema alimentario global, el sistema de transporte global, la economía global.

-Hay que decir que los virus, incluidos los coronavirus, son naturales, pero esta pandemia es generada por el modelo dominante de apropiación de la naturaleza. Lo que este modelo esencialmente hace es transformar lo que en otras circunstancias era una barrera espacial y biológica gruesa y bastante impermeable separando patógenos y personas, en una autopista para los virus alrededor del mundo. Los “adoquines” de esa autopista, por llamarlo así, serían seres vivos, animales salvajes, animales domésticos y finalmente personas, todos en estrecho contacto, inmunodeprimidos y vulnerables.

-¿Qué reflexión tiene sobre la “reaparición de vida silvestre” a partir de las cuarentenas?

-La mayoría de la gente se ha sentido esperanzada al ver los videos que pululan en las redes sobre cómo el aire es mucho más limpio en las grandes ciudades, cómo los animalitos invaden parques urbanos y playas. Y eso es real y la verdad es que es lindo verlos. Pero claramente esta no es la recuperación de la naturaleza que hace falta. Si cuando terminen las medidas de confinamiento se vuelve a la “normalidad” anterior, será una tregua insignificante. Es más, hay informes de que han aumentado las actividades ilegales de pesca, caza furtiva, deforestación, contaminación focalizada. Esto es porque los controles ambientales, generalmente en manos de los estados, se han relajado debido a la pandemia. Lo que sí me parece que es muy valioso es la demostración de la capacidad de recuperación del mundo vivo, la porfiada resiliencia de la naturaleza, siempre aprovechando el más mínimo resquicio que se le dé. A esto hay que aprovecharlo y potenciarlo.

-¿Cuáles son los principales riesgos que advierte si la actividad económica vuelve a la normalidad anterior?

-El riesgo más importante reside en los “remedios” que se están implementando o planificando para “resucitar las economías”. Esta es una situación inédita en la que todos los gobiernos, desde las alianzas regionales como la Unión Europea hasta los municipios, están lanzando paquetes de rescate y estímulo para minimizar los costos económicos y sociales relacionados con la pandemia. A nivel mundial, estamos hablando de cifras fabulosas: billones de dólares. Imagínese el poder de afectar la realidad, de influir sobre el futuro, de esas cifras. Si se los invierte para continuar con el modelo anterior, para salvar industrias y modos de producción con efectos negativos comprobados sobre el clima, el agua, la biodiversidad y la salud de la gente, puede hacer que nos perdamos la ventana de oportunidad que queda, ya de por sí muy estrecha, para un futuro mejor, más justo y sostenible. Este es un riesgo bastante concreto: de los paquetes de rescate ya anunciados y en implementación temprana por parte de las cincuenta economías más importantes del mundo, sólo el 0.2 por ciento puede ser considerado “verde”, es decir que contribuye a mejorar, o al menos no dañar, el clima y la naturaleza.

Enlace a la entrevista de Página 12: https://www.pagina12.com.ar/276122-pandemia-el-riesgo-mundial-son-los-remedios-usados-para-resu

Entrevista a nuestro Director, Gabriel Bernardello

Queremos compartir esta nota que le hiciéramos hace unos días al nuevo Vicepresidente de la Academia Nacional de Ciencias. Director de nuestras dos queridas instituciones, el IMBIV y el Museo Botánico, es uno de los docentes más queridos de la FCEFyN de la UNC. Con ustedes, el Dr. Gabriel Bernardello.

 ¿Cómo nació tu vocación científica?

No creo haber tenido muchas dudas. Nací en Cosquín y de niño me encantaba hacer travesías por el río, explorando las sierras, observando todo bicho y toda planta posible… En aquél entonces, los chicos teníamos libertad para salir solos, aventurarnos en el monte, recorrerlo a nuestro placer. Aprender a amar la naturaleza fue un imperativo, querer comprenderla vino después. Posteriormente, como biólogo y como adulto, interactuar con la naturaleza fue un principio animador en mi vida, que en alguna medida me retrotraía a la niñez.

¿Qué fue lo que te llevó a elegir tu especialidad en el área de la Botánica?

Las plantas siempre me intrigaron. Tan parecidas y tan distintas al mismo tiempo… Tan misteriosas y tan silenciosas… Por otro lado, los animales nunca me desagradaron, pero me inquietaba tener que matarlos para estudiarlos, si fuera el caso. Cuando tuve que hacerlo, porque en algunas cátedras formaba parte de una práctica, confirmé que mi trabajo profesional estaría en relación con las plantas.

¿Qué papel han desempeñado las sociedades científicas en tu carrera?

Muy grande. A lo largo de mi carrera, la participación en varias sociedades profesionales me ha permitido interactuar, perfeccionarme, hacer nuevos amigos y colaboradores fuera del círculo más estrecho que mi investigación específica habría definido. Participar periódicamente en congresos y publicar en sus revistas me ha enriquecido personalmente, así que las he apreciado mucho. Cuando ya estuve consolidado, he participado activamente en las mismas; particularmente, he dirigido por casi 20 años el Boletín de la Sociedad Argentina de Botánica, habiendo conseguido que fuera indexado en las principales bases de datos internacionales y, en la actualidad, soy presidente de dicha Sociedad. Mi motivación ha sido aportar desinteresadamente a la consolidación de la Botánica en el país, generar ciencia de valor y difundir los resultados de nuestros trabajos, tanto en el ámbito académico como en el de la comunidad en general.

¿A quiénes mencionarías como tus mentores y/o personas que te inspiraron para desarrollar esa vocación?

Rescato, en primer lugar, a una profesora de Geografía Económica del colegio secundario. Elsa Chaparrotti era Bióloga y me resultaban interesantes sus clases y las conversaciones que teníamos antes o después de las mismas. Me motivó, indirectamente, a definirme como futuro estudiante de Ciencias Biológicas. Después, menciono al Ing. Armando T. Hunziker, director de mi tesis doctoral en la UNC, y a los Dres. Emil Di Fulvio y Alfredo E. Cocucci, asesores de la misma, de quienes aprendí a desenvolverme como científico productivo e involucrado profundamente con su trabajo. Por último, al Dr. Gregory J. Anderson, de la University of Connecticut (USA), director de mi posdoctorado, que me alentó a combinar las tareas de investigación con las de enseñanza y de administración de la ciencia.

¿Cuál es la diferencia entre la forma en que se lleva a cabo la ciencia hoy y cuando te iniciaste?

Tantas cosas que me siento casi un fósil… Para decirlo en pocas palabras, pasar del reino del papel al reino de la virtualidad. La máquina de escribir como instrumento de trabajo, la biblioteca física como el templo del conocimiento, el correo postal como el medio de comunicación excluyente, todo con un ritmo más lento. En la actualidad, solo con una computadora y los programas y accesos a internet necesarios tenemos todo lo que necesitamos al chasquido de los dedos… También es impresionante la gran cantidad de datos que se recopilan (moleculares, genéticos, ecológicos, morfológicos, etc.) en bases de todo tipo. Estos datos masivos pueden ser manejados por programas increíblemente complejos. Todo esto condujo a casi la ausencia de investigaciones individuales o con dos coautores, como las que publicaba en mis inicios, hacia investigaciones en equipos grandes. Esto es más desafiante y ofrece más oportunidades, descubriéndose intersecciones entre tus intereses y los de tus colaboradores y lo que ello aporta a la investigación. Al mismo tiempo, la tasa de publicación ha aumentado y las exigencias de publicar en revistas internacionales de primer nivel. Casi casi que me avergüenza decir que, cuando entré a la carrera del investigador de CONICET, había publicado todos mis artículos en revistas nacionales. Igual visto a lo lejos fue un buen parámetro, porque acá estoy…

Lo que no ha cambiado, ni cambiará, es la naturaleza indagatoria de la ciencia y el valor inspirador de las preguntas que nos hagamos. Las preguntas nos guían y nos entusiasman, haciendo que nuestro trabajo sea apasionante, cuando la pregunta es interesante…

¿Te han sucedido cosas particularmente molestas en tu carrera profesional?

Lo que mencionaría son las desazones producidas con varios colegas y discípulos. Es difícil entender cómo pasamos de ser grandes compañeros y amigos a convertirnos en fuertes antagonistas y un poco menos que enemigos. Sucede en todos los ámbitos, pero no deja de ser doloroso pasar por estas situaciones y convivir con ellas.

¿Cuál dirías que fue el día más desafiante en tu trabajo?

Ocurrió trabajando las islas Juan Fernández (o Robinson Crusoe) de Chile sobre plantas endémicas con un grupo de botánicos norteamericanos y chilenos. El 75% de las plantas en ese archipiélago son endémicas, exclusivas del mismo. Era una aventura en sí misma investigar en un lugar remoto del Océano Pacífico donde muy pocas personas han estado, y en partes aún más de una isla donde realmente podrías imaginar que fuiste el único que había estado allí, aunque no sea cierto… Hicimos varios viajes allí en la Isla Robinson Crusoe (o Masatierra). En uno de ellos, fuimos una docena de personas en un precario bote hasta un inhóspito lugar. De allí, debíamos subir hasta su máxima altura en el centro de la isla y luego bajar hacia la orilla opuesta, donde nos esperaría el bote que nos llevó (unos 6 kilómetros en subida y bajada agotadores). A la mitad del día, nos enfrentamos a una dificultad. Teníamos que pasar por un lugar estrecho (por el filo de un cuchillo, digamos para exagerar…), con precipicios a derecha y a izquierda. Uno de los líderes de nuestro equipo simplemente no podía hacerlo. Tenía un miedo mortal a las alturas en ese contexto y estaba abrumado. Por ello, los guardaparques guiadores tuvieron que tomar una dirección diferente, no planificada, para llegar al lugar donde abordar el bote.

Este cambio resultó tener consecuencias no deseadas: el descenso fue muy abrupto (¡yo conocí la sensación de vértigo por primera y única vez en mi vida!) y al llegar más tarde de lo previsto al otro lado de la isla, la marea estaba alta y había un viento muy fuerte con olas que chocaban en la orilla. La orilla era un acantilado bajo con un metro y medio entre el mismo y el bote muy agitado por la marea y el viento. En pocas palabras, había que literalmente “volar” hacia el bote para abordarlo, ya que no podía acercarse lo suficiente al pequeño acantilado a riesgo de chocar y, desde luego, no había embarcadero. Había que ponerse un chaleco salvavidas y ser atado por una soga: uno de los extremos en la orilla y el otro en el bote. Cuando el bote se acercaba lo suficiente, el marinero gritaba “¡Ahora!” y tenías que saltar hacia adelante y hacia abajo para alcanzar el bote. Si no lograbas alcanzarlo, caías al océano (como le ocurrió a algún compañero), pero te sostenían de la cuerda y te ayudaban a subir al bote. Uno a uno fuimos subiendo así. Durante el regreso tuvimos que lidiar con un mar embravecido. Fue exasperante, por decir lo menos… Pero el esfuerzo y las dificultades valieron la pena. Pudimos estudiar algunas plantas extraordinarias que ocupan lugares significativos en la evolución de las angiospermas y publicar artículos reveladores sobre ellas, que fueron y son muy citados.

¿Cuál es la cosa más divertida que te ha sucedido?

Voy con una que tiene relación con la docencia. Era ayudante de la materia Plantas Vasculares. Para los exámenes traíamos plantas vivas para que los alumnos buscaran material en base a las preguntas que se les hacían. En un examen, se estaba desarrollando todo con normalidad hasta que el Profesor Titular toma una rama y pregunta a los docentes: “¿Quién trajo esta planta?”. Después de un momento de silencio embarazoso, porque la pregunta tenía un fuerte tono imperativo, otro ayudante informó que la había recogido en un baldío cerca de su casa. Resultó que la planta era, ni más ni menos, marihuana. Quién la juntó no tenía idea, obviamente. Conclusión: se suspendió el examen y el profesor con el citado ayudante partieron raudos en la camioneta institucional a ese baldío para coleccionar la planta completa y hacer un ejemplar de herbario, porque allí no había ningún ejemplar de esa especie.

¿Has podido hacer trabajo de campo todos los años?

Desde luego que hubiera querido. Es realmente divertido hacer observaciones, experimentos y tomar datos en el campo. Pero tuve varios cargos directivos, más intensamente en los últimos 15 años que, si bien no lo impidieron totalmente, lo obstaculizaron. Fueron cargos en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, en la Universidad Nacional de Córdoba, en el Museo Botánico y en el Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal, algunos de los cuales aún tengo, como director de estos dos últimos. Pero no me arrepiento, porque siempre he sentido que tenía que devolver algo de lo mucho que recibí de las instituciones que me lo dieron todo a lo largo de mi carrera, desde el título hasta el lugar de trabajo y el sueldo. Es la vuelta lógica de la vida, creo. Y me ha llenado de satisfacción hacerlo, siendo que nunca estuvo en mi horizonte cuando inicié mis estudios. Los compromisos han ido apareciendo sin proponérmelo.

¿Cuándo se inicia tu relación con la Academia Nacional de Ciencias?

Podría decir desde siempre, considerando que el Museo Botánico está en el edificio de la propia Academia donde trabajo desde que era ayudante alumno. Por otro lado, publiqué con orgullo los resultados de mi tesis doctoral en el Boletín de la ANC. No era sencillo, ni lo es hoy, publicar un artículo de más de 180 páginas. Tratándose de la revisión taxonómica de un género de plantas en Sudamérica, me parecía lógico hacerlo en castellano y en nuestro país, ya que el mismo es uno de sus centros de diversificación. Tanto mi director de tesis como mis asesores eran miembros de la Academia, así que por una u otra razón asistía con regularidad a eventos, a la biblioteca, etc. Creí que la culminación había sido que me designaran miembro de ella, amablemente propuesto por Alfredo E. Cocucci. Pero la sorpresa fue grande, cuando los miembros me votaron para ser parte de la Comisión Directiva primero y, luego, vicepresidente de la misma. Es gratificante que sea de este modo, es decir votado por tus colegas en secreto. Espero no defraudarlos y estar a la altura de las circunstancias, en un momento tan complejo para el país, para el mundo y para la humanidad.

¿Qué opinión te merece que por primera vez se haya nombrado a una mujer presidenta de la ANC?

Partamos de decir que, en ciencia, hombres y mujeres publican una cantidad comparable de artículos por año, tienen un impacto profesional equivalente y tienen las mismas capacidades para desarrollarla. No obstante, es escasa la participación de mujeres como académicas en todo el mundo y las razones, sobre las que se ha escrito ampliamente, hay que buscarlas en otros ámbitos. En la ANC fundada en 1869, recién en 1995 se incorpora a Emil Di Fulvio, mi asesora de tesis, como la primera Académica. La National Academy of Sciences de USA ha tenido su primera mujer presidente en 2016, habiendo sido fundada en 1863. Con el nombramiento de la Dra. Beatriz Caputto vamos en camino a una nueva perspectiva de la institución y tengo mucha satisfacción de acompañarla en esta gestión, histórica en esta medida.

Teniendo en cuenta la repercusión de tu nombramiento en la ANC en las redes, la página de tu club de fans en Facebook, y los comentarios que siempre surgen al decir tu nombre frente a un biólogo de la UNC, ¿por qué creés que sos uno de los profesores de biología a quien los alumnos recuerdan con más cariño?

¡Qué pregunta difícil! Eso habría que preguntarle a los demás, ¿no? En fin… Sobre las redes, te digo que en general las miro poco, y si hay repercusión o no, menos. Me halaga y lo agradezco, pero prefiero no saberlo. Sobre la docencia, solo puedo decirte que trato de ponerme en el lugar del otro, de ser lo más espontáneo posible, de establecer una comunicación a dos puntas en la que seamos dos iguales. Me gusta mucho dar clases y me divierto haciéndolo. Apenas trato de despertar en el aula el entusiasmo y la pasión por el conocimiento. En lo que hago, no busco resultados. Como escribió Herman Hesse: “el valor de mi trabajo es proporcional al placer que me ha producido”. Esperá que busco el resto de la cita magistral, que no me acuerdo de memoria: “Lo que queda e impresiona no es lo que se ha querido, pensado y construido, sino la actitud, la inspiración, la pequeña y fugaz magia”.

Pasando a un tema actual. En estos tiempos agitados de pandemia y noticias falsas que generan miedo y desconcierto, ¿te parece importante que contemos con profesionales formados en el área de la comunicación pública de la ciencia? ¿Creés que los medios de comunicación deberían tener entre sus filas a profesionales de este tipo?

¡Desde luego que sí! El flujo y el acceso a la información aumentan exponencialmente y hay investigaciones cada vez más innovadoras y ambiciosas. También hay un mayor interés público en el campo. Profesionales serios y formados en divulgación científica son muy necesarios. Los medios prestan mayor atención a la velocidad de difusión y a la facilidad de asimilación de la noticia, en desmedro de la calidad y la confiabilidad de la fuente. Y en ocasiones se comenten errores garrafales que nadie intenta corregir. Por otro lado, la incertidumbre está implícita en la ciencia. Si quienes divulgan desconocen esto, pueden fomentar inescrupulosamente esperanzas equivocadas o alarmas innecesarias. Hay que tender puentes entre comunicadores de la ciencia y científicos, para que las noticias lleguen al público de manera confiable. Y no menos importante es tratar de despertar, indirectamente, las vocaciones científicas. Es un momento emocionante para ser científico y la ciencia es una aventura riesgosa que vale la pena transitar.

Por último, ¿qué mensaje le dejarías a los futuros biólogos?

Me matás con la pregunta porque no soy muy amigo de dar mensajes ni consejos. Se lo dejamos a los profetas y a los visionarios jajaja… Lo esencial, sin distinción de profesión, es tratar de ser mejores personas, más altruistas, menos materialistas, dilucidar quienes somos y por qué y para qué nacimos; así, seguramente, la sociedad sería mejor. En lo particular, en esta época compleja, los biólogos tenemos un papel significativo en despertar el amor por la naturaleza y por su biodiversidad, solo así es posible respetarla, valorarla y conservarla. Intentar encontrar soluciones alternativas, ecológicamente equilibradas, a los problemas económicos de este mundo, tremendamente desigual y muy modificado por la humanidad. Y si nos dejan, intervenir en decisiones de política pública sobre cuestiones ambientales.

El Covid-19 es el resultado del modelo de apropiación de la naturaleza

ADHESIONES: https://forms.gle/qT6XPuvdeY58xh877

La pandemia del virus Covid-19 ha desencadenado una crisis global que trasciende largamente el sistema sanitario y afecta a toda la humanidad. Es claro también que no es una crisis aislada sino que es parte de una crisis ambiental y civilizatoria más profunda, más duradera y más difícil de superar. Una situación que nos plantea una encrucijada histórica y por lo tanto una oportunidad: seguir por el mismo camino o cambiar de rumbo.

Como miembros del CONICET y de la Universidad Nacional de Córdoba, especialistas en temas de ecología, ambiente, salud, alimentación y sociedad, consideramos oportuno dar nuestro punto de vista acerca de la pandemia y abrir a la discusión posibles caminos a seguir y medidas a tomar cuando entremos a la “nueva normalidad” post Covid-19.

Las infecciones virales siempre han sido parte de la naturaleza, pero esta pandemia ha sido creada por nosotros o, mejor dicho, por nuestro modelo actual de apropiación de la naturaleza. Estamos avanzando sobre ecosistemas en donde nunca antes hubo un contacto estrecho y frecuente entre personas y animales silvestres. Lo hacemos, por ejemplo, al deforestar, abrir caminos a través de bosques, selvas o humedales; y al establecer poblaciones humanas, generalmente en condiciones precarias, en las fronteras forestales y mineras. Ahí los animales silvestres entran en contacto con animales domésticos y con la gente, todos en condiciones de alta vulnerabilidad, frecuentemente inmunodeprimidos. Bajo estas condiciones, es muy fácil que los virus muten e invadan nuevas especies, salten a otros animales silvestres cautivos, a los animales domésticos y a las personas. El resto lo hacen la globalización del tránsito de mercancías y personas, la persistencia de focos de pobreza, el hacinamiento y la vulnerabilidad en muchas regiones no cercanas a la fuente original del virus, como ocurre en nuestro país.

Por eso, aun cuando logremos controlar la pandemia de Covid-19, si las condiciones propicias para la expansión de este tipo de enfermedades persisten, probablemente surgirán nuevas pandemias. Estas condiciones son el avance de las fronteras de deforestación, el tráfico de animales silvestres (vivos o a través de sus productos), la cría industrial de animales domésticos bajo condiciones de hacinamiento y, sobre todo, las condiciones de precariedad y la agobiante pobreza a la que se ven expuestos amplios sectores de la población.

La pandemia Covid-19, si bien inédita en su escala y su inmediatez, no es un hecho aislado. El cambio climático global, el deterioro acelerado de la biodiversidad, la creciente desigualdad social y la concentración de la riqueza dentro y entre países, son todos síntomas de un mismo proceso subyacente, el modelo predominante de apropiación de la naturaleza y de relación al interior de las sociedades.

Esta crisis sanitaria ha creado un espacio para reflexionar. Para ver más claras algunas características y consecuencias del modelo, para identificar algunas cosas que creíamos imprescindibles y no lo son tanto y también algunas otras que, habiendo sido relegadas, resurgen como esenciales e innegociables. Por ello, no hay que volver a la “normalidad pre-pandemia”, ya que representa una situación ambiental insostenible y socialmente injusta. No tenemos por qué retomar la marcha en una dirección equivocada. Es más, existe el riesgo concreto de medidas de reactivación económica que aceleren la trayectoria hacia un futuro que no queremos: un mundo claramente peor para la enorme mayoría de la gente y los otros seres vivos en su interacción y dependencia mutua.

Algunos principios y acciones para la post-pandemia. La que sigue no es una lista exhaustiva y no pretende excluir otras propuestas convergentes. Más bien, se trata de algunos caminos hacia una nueva normalidad, aportados desde nuestras áreas de especialidad, que nos permitan superar los modelos previos y ayudar a construir un futuro mejor. Caminos que permitan trabajar sobre las causas que generan pandemias y deterioro ambiental y social, y favorecer condiciones más sustentables, justas y equitativas. Proponemos:

a) Garantizar el fortalecimiento y la aplicación efectiva de las normas ambientales vigentes. Un principio básico en medicina dice que, para curar, primero hay que comenzar por no dañar. Existen numerosas normas ambientales y sanitarias que se cumplen sólo parcialmente, o no se cumplen. Esto se ha exacerbado durante la pandemia, donde las instituciones estatales han reducido su capacidad de control efectivo. Es cierto que se ven más animales acercándose a parques y ciudades y un aire temporariamente un poco más limpio. Pero también en todo el mundo se han informado aumentos en el desmonte, la caza furtiva, la pesca ilegal y los abusos hacia los más vulnerables. Se podrían lograr avances importantes en salud y sustentabilidad simplemente garantizando que se cumpla lo que ya está legislado y no permitiendo que la pandemia sea usada como pretexto para relajar normas existentes.

b) Adoptar el enfoque de “una sola salud”. Éste reconoce las interconexiones entre la salud de las personas, los animales, las plantas y nuestro entorno compartido. Por lo tanto, reconoce que los problemas de salud humana no ocurren de manera independiente de la salud de nuestros ecosistemas, entendiendo como tales no sólo a los ambientes naturales más prístinos, sino también a los espacios rurales y urbanos donde desarrollamos las actividades productivas y nuestra vida cotidiana, y donde coexistimos y nos relacionamos con otros seres vivos. Un enfoque de “una sola salud” contribuiría a una mejor toma de decisiones y a que éstas tengan en cuenta los costos y las consecuencias a largo plazo de las estrategias de desarrollo, tanto para las personas como para la naturaleza, ya que los procesos de salud-enfermedad no se pueden pensar separados del ambiente y las condiciones sociales. También supone ofrecer alternativas viables y sostenibles de trabajo digno y proteger la salud de los grupos sociales más vulnerables.

c) Garantizar que las medidas de estímulo y reactivación económica post-pandemia propendan a la sustentabilidad y a la salud de la gente y la naturaleza. Es posible que, desde el punto de vista político, algunos consideren oportuno flexibilizar las normas ambientales y reforzar el apoyo a sectores con una larga historia de descuido por la salud humana y ambiental. Esto puede acelerar nuestra trayectoria en la dirección equivocada: más cambio climático, más deterioro de la biodiversidad, más desigualdad y nuevas pandemias. Muchas actividades que parecen ser un buen negocio en realidad no lo son si se tomaran en cuenta todos los costos involucrados, no sólo monetarios de corto plazo para un sector, sino también los sociales, ambientales y de salud para toda la población.

d) Propiciar una transición hacia modelos económicos mucho más centrados en la sustentabilidad y el bien común. Los modelos basados en el crecimiento ilimitado, la estimulación constante del consumo y la obsolescencia programada son insostenibles. Es necesario reconocer que no es posible el crecimiento económico infinito en un planeta con recursos finitos y que el crecimiento no necesariamente implica el mejoramiento de la calidad de vida de la población en general. Para que esto suceda, deben concurrir políticas distributivas que, por ejemplo, apunten a mejorar las condiciones de empleo, salud, educación, alimentación, vivienda, y los derechos sociales. Y que a la vez garanticen el acceso a un ambiente seguro y saludable y a una relación plena con el resto de la naturaleza, los cuales son derechos inalienables de todas las personas.

e) Transformar la matriz productiva y energética. Esto incluye a casi todas las actividades que desarrollamos en nuestra sociedad tales como producción, industria, comercio, minería, transporte, consumo y esparcimiento. Por ejemplo, la actividad agropecuaria deberá tener como primer objetivo la producción de alimentos sanos, seguros y nutritivos, que contemplen las tradiciones y hábitos de cada población, garantizando la alimentación de calidad de toda la sociedad. En su producción se deben minimizar los impactos ambientales y sociales. La agroecología ofrece una alternativa superadora, con claros beneficios ambientales, sociales y de salud. Lo propio ocurre con el sector energético, ya que dada la alta dependencia actual de combustibles fósiles y la necesidad de garantizar el autoabastecimiento es indispensable diversificar la matriz energética. Para estos desafíos se debe apostar al fortalecimiento de las capacidades científicas y tecnológicas del país. La transición hacia energías más limpias no admite más postergaciones.

f) Desarrollar modelos de consumo que respondan a las necesidades reales de la población y que favorezcan el acceso de los sectores sociales más vulnerables. El modelo de consumo imperante es incompatible con un futuro viable y socialmente inclusivo. Mientras algunos sectores mantienen un altísimo nivel de consumo material que supera ampliamente sus necesidades, otros sectores no pueden acceder a los bienes y servicios más básicos e indispensables. Es necesario fijar políticas que desalienten el consumo de bienes y servicios superfluos y cuya producción (o sus desechos) sea perjudicial para la salud de las personas y los otros seres vivos. Los modelos de sociedad consumista se basan en fomentar el consumo irrestricto sin considerar el valor real de los bienes consumidos, y sin tener en cuenta que la producción de cualquier bien requiere materias primas, consume energía y genera residuos y contaminantes. Es necesario desacoplar la idea de bienestar y de éxito social individual y colectivo del consumo superfluo, cada vez más grande, y cada vez más acelerado. Y al mismo tiempo, se deben generar políticas que garanticen un piso de derechos para el acceso de los bienes y servicios básicos a todos los sectores de la sociedad.

g) Integrar el cuidado de las personas y los demás seres vivos en todos los sectores de la economía y servicios. Un camino mejor implica no sólo mejores políticas de salud y ambiente. Requiere que, en las normas y prácticas en todos los sectores de la economía y los servicios, se tengan en cuenta la salud humana y el cuidado del resto de la naturaleza. Es preciso preguntarse cómo cada nueva medida, emprendimiento, o proyecto, en todos los sectores, como la agricultura, la producción de alimentos y otras mercancías, la generación de energía, el transporte, el desarrollo urbano y de la infraestructura, califica en función de estos requerimientos. Es necesario crear una nueva institucionalidad que permita reordenar los modelos de gestión política del Estado y que permitan articular acciones transversales entre las distintas instituciones. Cuidar las personas, cuidar la naturaleza, es el único camino que hoy conocemos hacia un futuro mejor. Es por lo tanto una inversión estratégica, no un gasto soslayable.

Un futuro resiliente, sustentable y equitativo es posible, pero para ello primero debemos permitirnos pensarlo. Y sobre esa base, implementar un cambio transformador. La creatividad, la abnegación, la solidaridad y el cuidado mutuo demostrados por la vasta mayoría de la población en esta crisis indican que es posible.

Sandra DÌAZ. CONICET – Universidad Nacional de Córdoba.

Alberto Edel LEÓN. CONICET – Universidad Nacional de Córdoba.Carlos PRESMAN. Universidad Nacional de Córdoba.

Alicia GUTIÉRREZ. CONICET – Universidad Nacional de Córdoba.

Gabriel BERNARDELLO. CONICET – Universidad Nacional de Córdoba.

Marcelo CABIDO. CONICET – Universidad Nacional de Córdoba.

María Angélica PERILLO. CONICET – Universidad Nacional de Córdoba.

Walter ROBLEDO. Universidad Nacional de Córdoba.

Laura VIVAS. CONICET – Universidad Nacional de Córdoba.

Daniel CÁCERES. CONICET – Universidad Nacional de Córdoba.

Mónica BALZARINI. CONICET – Universidad Nacional de Córdoba.

Joaquín NAVARRO. CONICET – Universidad Nacional de Córdoba.

La Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de Ecosistemas (Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services – IPBES) gana importante premio a la sostenibilidad

En el anuncio de tan tracendente premio (https://www.mynewsdesk.com/se/winwin-gothenburg-sustainability-award/pressreleases/ipbes-opens-our-eyes-to-the-threat-against-biodiversity-wins-the-win-win-gothenburg-sustainability-award-2020-3001189), destacan la importancia de la “Evaluación global de la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas” (https://ipbes.net/global-assessment ) que el IPBES publicó el año pasado, y de la que formaron parte tres miembros de nuestra institución, la Dra. Sandra Díaz (Co-Presidenta), el Dr. Leonardo Galetto (Autor Principal) y el Dr. Pedro Jaureguiberry (Becario Joven).

Destacando las celebraciones del Día Internacional de la Diversidad Biológica, la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de Ecosistemas (IPBES) ha sido anunciada como la ganadora del Premio de Sostenibilidad 2020 WIN WIN Gothenburg, que incluye un premio de un millón de coronas suecas, alrededor de U$S 100,000 (http://winwingothenburgaward.com/)Entre los reconocimientos de sostenibilidad global más prestigiosos, el Premio destaca específicamente el éxito de IPBES en “abrir los ojos de las personas a las amenazas contra la biodiversidad”; “Hacer que la información sobre la biodiversidad y los ecosistemas sea accesible a más que solo expertos y científicos”; y “perfilar a los impulsores de la pérdida de biodiversidad, comunicando la magnitud del problema y sentando las bases para una nueva agenda de cambio transformador”.

¿De dónde viene el bosque?

Los bancos de semillas como fuentes de resiliencia de la vegetación en el bosque chaqueño

Resiliencia es una palabra de uso relativamente nuevo en nuestro idioma. Según la Real Academia Española es definida como la “capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”.  Si bien se la emplea en muchas situaciones (Nelson Mandela es señalado constantemente como un ejemplo típico de resiliente), este término viene utilizándose en otros idiomas desde hace siglos con otros significados, aunque siempre están asociados a su etimología latina, resilire: rebotar, recuperarse. En inglés comenzó a utilizarse en el siglo XIX en física mecánica para describir la fuerza y ductilidad de las vigas de acero, mientras que en las ciencias de la vida este término empezó a aplicarse en la ecología, cuando el ecólogo y entomólogo canadiense Crawford Stanley Holling introdujo este término en un trabajo científico publicado en 1973 que se tituló “Resilience and stability of ecological systems” (Resiliencia y estabilidad de los sistemas ecológicos).

El ecosistema del bosque del Chaco en el área de la Reserva Natural “Chancaní” en el noroeste de Córdoba, Argentina. Foto: Lucas Enrico

Es así entonces que podemos decir que la resiliencia de los ecosistemas es la capacidad de estos últimos para recuperarse después de las perturbaciones que pudieran haber sufrido, tema que en estos últimos años ha recibido considerable atención. Es gracias a la importancia que ha adquirido este tema que se está avanzando cada vez más hacia la comprensión de lo que hace que un ecosistema sea resiliente y cómo esa resiliencia puede verse amenazada. Recientemente, y para responder a estos últimos interrogantes, investigadores del IMBIV-CONICET y de la FCEFyN -ambos de la UNC- han llevado a cabo estudios en el ecosistema del bosque chaqueño de Argentina, el bosque estacional más extenso de América del Sur.

La existencia de reservorios de biodiversidad, desde los cuales las especies pueden reclutar después de diversas perturbaciones, es un factor clave para la recuperación de los ecosistemas terrestres. Si estos reservorios tienen “memoria” de la vegetación de referencia, actuarán como fuentes de resiliencia y contribuirán a regenerarla. Sin embargo, ¿son los diferentes reservorios igualmente importantes para los diversos ecosistemas? El banco de semillas (el conjunto de semillas que permanecen latentes en el suelo) es, con mucho, el reservorio más estudiado. Es una práctica generalizada en los estudios de vegetación recolectar e identificar especies en el banco de semillas, como un esfuerzo por comprender la dinámica de la vegetación pasada y presente. Sin embargo, también es muy común encontrar muchas especies en la vegetación que no están presentes en el banco de semillas. Esto es especialmente cierto para los ecosistemas leñosos, donde otros reservorios, como el banco de semillas de hojarasca (semillas que están atrapadas en la hojarasca y no penetran en la capa de suelo) y el banco de plantas juveniles (individuos que permanecen en etapas inmaduras hasta que alcanzan el tamaño adulto), son importantes en el proceso de regeneración. Entonces, la primera pregunta que buscamos responder fue: ¿de dónde se regeneran las especies leñosas en el bosque del Chaco?

Arriba: Recolección de muestras de hojarasca para la identificación de semillas en el banco de semillas. Abajo: Banco de plantas juveniles de las especies leñosas dominantes del ecosistema del bosque del Chaco, Aspidosperma quebracho-blanco. Foto: Lucrecia Lipoma

El ecosistema del bosque del Chaco ha experimentado importantes perturbaciones relacionadas con el uso de la tierra en las últimas décadas, que han afectado la vegetación y podrían tener consecuencias para la regeneración. Dado que la resiliencia del ecosistema puede verse comprometida cuando sus fuentes de resiliencia se ven afectadas por perturbaciones, nuestra segunda pregunta fue: ¿está afectando el uso de la tierra a los reservorios del bosque del Chaco?

Con estas preguntas en mente, describimos la vegetación de las diferentes comunidades que pertenecen al bosque del Chaco y que poseían diferentes historias de uso de la tierra. Recolectamos muestras de suelo y hojarasca e identificamos semillas de cada reservorio, y también registramos las especies presentes en el banco de plantas juveniles.

Descubrimos que todas las especies leñosas del bosque del Chaco podían encontrarse en los bancos de hojarasca y juveniles, lo que indicaría que la regeneración en este ecosistema depende estrictamente de la existencia de estos reservorios, mientras que parece no estar relacionado con la existencia de bancos de semillas. También identificamos que, aunque el banco de semillas de la hojarasca y los bancos de individuos juveniles son muy similares a la vegetación del bosque del Chaco en términos de composición de especies, dicha similitud disminuye a medida que se intensifica el uso de la tierra, comprometiendo la capacidad de estos reservorios para actuar como fuentes de resiliencia en un futuro.

Según nuestros resultados, los ecosistemas que han sufrido una baja intensidad en el uso de la tierra tendrán más oportunidades de recuperarse, principalmente porque preservan la “memoria” de la vegetación pasada en los bancos de hojarasca y juveniles. Sin embargo, si la regeneración depende fuertemente de estos reservorios, podría ser altamente vulnerable a las perturbaciones que actúan a nivel del suelo, como el fuego, la depredación de semillas o el consumo de las plántulas por animales herbívoros, que a menudo no afectan las semillas enterradas en el suelo. Estas ideas traerán nuevas preguntas que llevarán al desarrollo de futuros estudios que permitan mejorar nuestra comprensión de la dinámica de este ecosistema emblemático.

El artículo original en el que se basa esta nota fue publicado en el Journal of Vegetation Science, al cual se puede acceder a través del siguiente enlace:

https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/jvs.12842

Autores: M. Lucrecia Lipoma, Lucas Enrico y Alberto Díaz Añel

En tu andar, veo mi andar: los polinizadores nativos parecen irremplazables

Hacia finales del siglo XVIII el famoso naturalista alemán Christian Konrad Sprengel, siguiendo los pasos de su curiosidad, descubrió que la interacción entre las flores y los insectos que transportaban granos de polen resultaba un proceso fundamental para la formación de frutos y semillas en las plantas[1]. Desde ese momento, el estudio y la comprensión de la polinización nos han cautivado. Describir nuevos polinizadores, nuevos mecanismos, nuevas formas en que plantas y animales interactúan, sus comportamientos, los costos de la interacción, o calcular los niveles de interdependencia, se convirtieron en estudios recurrentes en todos los ecosistemas y laboratorios alrededor del globo. La polinización, ya sea como imagen artística, como modelo para comprender fenómenos evolutivos y ecológicos, o para desentrañar sus características y estimar el poder de esta interacción, ha trascendido el tiempo y el espacio. Un claro ejemplo de ello es la tarea a la que abocó Charles Darwin luego de publicar su obra más famosa, el Origen de las especies. En lugar de trabajar, por ejemplo, en un compendio universal sobre las implicancias de su nueva teoría de evolución por selección natural, dedicó sus años siguientes a realizar un análisis detallado de la historia natural de las orquídeas. Así, cuatro años después del Origen, publicó una especie de bestiario de la época, donde armado de dibujos y esquemas meticulosos de las flores, precisó con lujo de detalles las relaciones entre las orquídeas y sus polinizadores, las formas y texturas que encontraba en las flores, los mecanismos complejos detrás de la interacciones y, claro está, cómo esto podría haber sido motorizado por la selección natural[2]. El poder de esta interacción como modelo para comprender el funcionamiento de los ecosistemas radica tal vez en su simpleza y en su belleza, que nos permite evaluar explícitamente las necesidades y preferencias de plantas y polinizadores. 

Hoy sabemos que esta interacción es un proceso clave para el mantenimiento de la biodiversidad, ya que cerca del 90% de las plantas[3], incluidas muchísimas especies que utilizamos para nuestra alimentación y sobrevivencia, dependen de polinizadores para reproducirse sexualmente, es decir, para producir frutos y semillas. Resulta increíble, y hasta parecería mágico, que algo tan bello y delicado como la polinización sea uno de los pilares que sostienen la biodiversidad del planeta, incluida a la humanidad.

De un tiempo a esta parte, y a múltiples escalas, hay una necesidad de conservar los elementos nativos de nuestros ecosistemas. Así, luchamos por preservarlos y cuidarlos de nuestros propios males: los incendios, los avances de la frontera agropecuaria, el cambio climático, etcétera. Empujado por científicxs tenaces, y por parte de una sociedad comprometida, las especies nativas y su rol en la provisión de agua pura, leña, medicinas, y otros múltiples beneficios ecosistémicos, han permeado y llegado a gran parte de las personas. Producto de este trabajo hoy tenemos especies bandera, emblemas de estos esfuerzos por preservar los ecosistemas nativos. El algarrobo, la peperina, el tabaquillo, el cóndor, son solo algunos ejemplos. Pero, ¿qué conocemos de las interacciones planta – polinizador nativas?, ¿cuál es su importancia y qué sabemos de su conservación? ¿Da lo mismo cualquier tipo de polinizador? ¿Es necesario conservar las interacciones nativas en nuestros ecosistemas?

Las abejas melíferas son polinizadores visitantes exóticos en la mayoría de los ecosistemas del mundo

Si recorremos cualquier ambiente de Córdoba, de Argentina e incluso del mundo, es muy probable que si nos detenemos a observar las flores, los principales visitantes sean las famosas abejas melíferas. Podríamos pensar que esta bonita abeja anda desde siempre por acá, pero no es así. Apis mellifera, el nombre científico de esta tierna abejita, es de origen europeo, y en los últimos 60 años, producto de la búsqueda de nuevos ambientes para la producción de miel y con la ayuda del humano, se ha expandido de manera extraordinaria transformándose en el polinizador principal en la mayoría de los ecosistemas del mundo[4]. Si habláramos con lxs abuelxs de nuestros tatarabuelxs probablemente nunca la habrían visto, o al menos no en las cantidades actuales. Apis mellifera es una abeja extranjera recién llegada a nuestros ecosistemas si lo comparamos con los millones de años de evolución entre las flores y los polinizadores nativos. Hoy la hemos naturalizado como un ser vivo más del paisaje, muchas veces la consideramos un elemento clave, e incluso importante para su conservación, pero la realidad es que sabemos muy poco de cuál es su efecto en la reproducción de las plantas nativas y cómo ha afectado esta nueva interacción a las interacciones nativas que existían antes de su llegada a nuestros bosques.

Lepechinia floribunda es un arbusto muy abundante en la sierras del centro del país

Lepechinia floribunda es una arbusto aromático muy común en las sierras de Córdoba. Conocida comúnmente como “salvia blanca”, puede encontrársela a la sombra de molles y churquis, sus flores blancas y bilabiadas que crecen de a cientos son visitadas por muchas abejas y abejorros nativos y, además, por las recién llegadas abejas melíferas. Como en muchas plantas del mundo, en la salvia blanca las abejas melíferas sobrepasan ampliamente en cantidad a los abejorros nativos visitando sus flores. En una investigación reciente[5], estudiamos las características y la calidad de las visitas de ambos grupos de polinizadores, y las consecuencias sobre la producción de semillas en salvia blanca. Evaluamos cómo la cantidad de abejas melíferas y abejorros nativos se relaciona con aspectos de la calidad de la interacción. Asimismo, caracterizamos los rasgos de las flores y determinamos qué grupo de polinizadores se ajusta mejor a ellas.

Los resultados fueron elocuentes. Luego de tres años de observar las flores de salvia blanca y los insectos que llegaban, determinamos que más de la mitad del total de las flores eran visitadas por las abejas melíferas. Cuantificamos el tiempo que pasaban estas abejas en las flores, y si lo sumamos, dos tercios del tiempo que vimos un bicho dentro de una flor, fue una abeja melífera. Nos preguntamos si esta sobreabundancia de abejas melíferas sobre los polinizadores nativos era suficiente para reemplazar la función de estos últimos. A pesar de su abundancia, las abejas melíferas removieron menos cantidad de polen y produjeron menos cantidad de semillas luego de sus visitas respecto a los polinizadores nativos.

Incluso corrigiendo por su superabundancia no llegaron a ser ni tan eficientes ni efectivas como los abejorros nativos, que siendo mucho menos abundantes no sólo removieron más polen, sino que lo depositaron en el momento más oportuno, cerca del mediodía, cuando las flores de salvia blanca se encontraban más receptivas. Así, un patrón emergió de nuestros datos: observamos un ajuste entre el momento de mayor actividad de los polinizadores nativos y el comportamiento de las flores, que maximiza la cantidad de recompensa que las plantas entregan y el polen que los insectos depositan, y en consecuencia la formación de semillas en las plantas. Este patrón probablemente sea producto de la larga historia evolutiva de convivencia entre salvias y abejorros, y del que las abejas melíferas, por extranjeras y recién llegadas, parecen estar exentas. De esta manera, las semillas producidas por las abejas melíferas le costaron mucho “más caro”, en términos energéticos, a las plantas. Tuvieron que producir más néctar, más granos polen y más flores para cubrir la deficiente manipulación por parte de las abejas melíferas. 

Los abejorros del género Bombus resultaron los polinizadores más eficientes

El mundo está sufriendo profundos cambios producto de las actividades humanas. La pérdida de hábitats y la extinción masiva de las especies será lo que identifique a esta etapa de la historia de la tierra[6]. En el caso de las interacciones planta-polinizador, a estas pérdidas las hemos denominado la “crisis de los polinizadores”, que se caracteriza principalmente por una reducción de las poblaciones de polinizadores nativos y cambios en las características reproductivas de las plantas. Ante este escenario, los resultados de nuestra investigación muestran que no podemos reemplazar un polinizador por otro. Incluso a pesar de ser muy parecidos, abejas melíferas y abejorros nativos interactúan de manera diferente con la salvia blanca. Así, una interacción de este tipo parece ser mucho más que dos especies que cooperan para obtener un beneficio mutuo, sino que además está imantada por el largo camino que han recorrido juntas y que las hace irremplazables. La idiosincrasia de esta historia compartida a lo largo de miles de años, ha optimizado los costos y beneficios para plantas y polinizadores. Donde la desaparición de una de las partes, en este caso los polinizadores nativos, tendrá costos reproductivos y consecuencias ecológicas y evolutivas trascendentales que tendrán que pagar las plantas. Así, vemos que la conservación de los ecosistemas debe exceder la simple protección de las especies, y que debe extenderse y pensarse además a las interacciones entre las especies y la historia que han transcurrido juntas.

Autores del trabajo científico: Matías Cristian Baranzelli, Santiago Benitez-Vieyra, Evangelina Glinos, Alejandra Trenchi, Silvina Córdoba, Julia Camina, Lorena Ashworth, Alicia Noemi Sérsic, Andrea Aristides Cocucci y Juan Fornoni. 2020. “Daily fluctuations in pollination effectiveness explain higher efficiency of native over exotic bees in Lepechinia floribunda (Lamiaceae)”. Annals of Botany mcz187. DOI: 10.1093/aob/mcz187. Enlace al trabajo para descargar el PDF: https://academic.oup.com/aob/advance-article/doi/10.1093/aob/mcz187/5633999

Instituciones: Instituto de Ecología, Universidad Nacional Autónoma de México; Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal, Universidad Nacional de Córdoba (IMBIV-CONICET-UNC).

Créditos fotos: Cocucci A.A, Camina J., y Baranzelli M.C.

Redacción de la nota: Baranzelli M.C., Ashworth L. y Díaz Añel A.M.


Referencias

[1] Sprengel (1793). Und de Natur im Bau del der de Geheimniss del entdeckte de Das en el der Blumen de Befruchtung del der. 

[2] Darwin (1862). Sobre las variadas estrategias por las cuales las orquídeas británicas y foráneas son fertilizadas por insectos, y sobre los buenos efectos de la polinización cruzada.

[3] Ollerton et al 2011).How many flowering plants are pollinated by animals? Oikos .

[4] Magrach et al 2017. Honeybee spillover reshuffles pollinator diets and affects plant reproductive success. Nature Ecology & Evolution.

[5] Baranzelli et al 2019. Daily fluctuations in pollination effectiveness explain higher efficiency of native   over exotic bees in Lepechinia floribunda (Lamiaceae) Annals of Botany. 

[6] Doughty et al 2010. Biophysical feedbacks between the megafauna extinction and climate: the first human induced global warming? Geophysical Research Letters. 

Amanita phalloides, un hongo mortal introducido en Argentina

Hace escasos días se produjo el trágico deceso de un ciudadano de Río IV por consumir el hongo venenoso Amanita phalloides, conocido como “hongo de la muerte”.

Desde el laboratorio de micología del IMBIV (CONICET-UNC) manifestamos nuestro enorme pesar por este suceso y nos parece importante difundir información que pueda ser útil para prevenir futuras intoxicaciones y eventuales muertes.

En primer lugar, queremos reiterar sobre que no debe consumirse ningún hongo silvestre que no esté identificado por un experto en el tema.

Amanita phalloides no es un organismo nativo de Sudamérica. Fue introducido con robles, álamos, pinos y otros árboles exóticos. Debido la proliferación de estas plantaciones, son cada vez más altas las probabilidades de encontrarla durante la recolección.

Uno de los principales riesgos es el de confundir especies no tóxicas con este hongo, o colectar muchos ejemplares de hongos comestibles y entre ellos, llevar por error uno de A. phalloides. Es por eso que la identificación basada en unos pocos de los ejemplares encontrados es muy peligrosa.

Son muchas las características a tener en cuenta a la hora de identificarlo, y además, son muy variables. La volva (la vaina en la base del pie resultante del desgarramiento de la cubierta universal del hongo), puede perderse durante la cosecha, o simplemente ser poco conspicua en algunos ejemplares. El color verdoso del sombrero también es engañoso, ya que puede estar muy atenuado hasta parecer al sombrero de un champiñón para el ojo inexperto.

La identificación competente implica muchos más caracteres, tales como las especies de árboles asociados, la forma del anillo, forma de inserción de las laminillas al pie, y, en caso de ser necesario, la forma y tamaño o reacciones químicas de las esporas al microscopio.

Cuando vemos que un experto colecta un hongo y nos muestra alguna característica particular, no tenemos que olvidar que suele haber más detalles que son sólo discernibles por quien tiene mucha experiencia. Es por eso que no tenemos que confiarnos de haber retenido los datos suficientes para la identificación.

El síndrome producido por esta especie mortal es conocido como “de latencia larga”, lo que indica que los síntomas y efectos de esta intoxicación se manifiestan diferidos en el tiempo, entre 5 y 12 horas después de haber consumido el hongo. Además, es frecuente que, luego de los primeros síntomas de malestar gastrointestinal, se produzca un alivio temporal. Esta mejoría no debe confundirse con una remisión del síndrome, ya que luego de algunas horas, los síntomas vuelven y el daño hepático suele ser irreversible. En muchos de los casos, el diagnóstico tardío hace que el trasplante de hígado sea la única solución. Por eso recomendamos que ante cualquier sospecha de haber ingerido un hongo venenoso, se busque ayuda médica inmediata.

Finalmente, queremos llamar la atención sobre las indicaciones para distinguir a un hongo venenoso de uno que no lo es. Todas estas recetas son falsas, o tienen un alcance limitado a cierta región. Sólo la identificación certera a nivel de especie puede indicarnos si se trata de un hongo comestible o no. En las redes sociales hemos observado muchos mitos que constituyen un gran peligro. Uno de los errores más difundidos en nuestro país, es que “todo lo que crece bajo los pinos es comestible”. En particular Amanita phalloides, el hongo más mortal que conocemos, puede ser encontrado en diversas provincias de nuestro país bajo pinos y muchas otras especies arbóreas.

Resaltamos que los hongos presentes en la Argentina no son venenosos al tacto y que sólo al ingerirlos pueden causar daño. Por esto, alentamos al contacto con la naturaleza y a todas las actividades que nos permitan disfrutar de ella de manera responsable, sin dañarla, y sin exponernos a peligros innecesarios.

Texto: Laboratorio de Micología del IMBIV-CONICET-UNC
Fotos: Dr. Carlos Urcelay (IMBIV-CONICET-UNC)

Identifican los “vacíos de conocimiento” en torno a los estudios de biodiversidad

La diversidad de relaciones entre especies vegetales y animales que viven en los ecosistemas es parte de lo que llamamos comúnmente “biodiversidad”. Dentro de estas relaciones es importante considerar aquellas entre las sociedades humanas y la naturaleza, ya que son las que actualmente más influyen sobre la situación ambiental del planeta. Para reducir la pérdida actual de biodiversidad, este nuevo estudio remarca la necesidad de un mejor conocimiento, identificando vacíos del conocimiento sobre la gobernanza ambiental y las conexiones entre los sistemas sociales y ecológicos. 
Nota completa en: https://www.conicet.gov.ar/identifican-los-vacios-de-conocimientos-en-torno-a-los-estudios-de-biodiversidad/

Una cordobesa en vías de extinción

Basada en un trabajo en el que participaron investigadores de nuestra institución, “Una cordobesa en vías de extinción” es una nota que nos va a ayudar a comprender la complejidad reproductiva de una de las plantas mas emblemáticas de la Provincia de Córdoba y el modo en que es polinizada, marcando un paso adelante en lo que podría convertirse en un potencial desarrollo de cultivos de esta hierba serrana, así como para el diseño de nuevas técnicas que permitan que las poblaciones silvestres puedan recuperarse.


Pueden bajar la nota completa en PDF en https://bit.ly/2J34eEj

En caso que decidan reproducir esta nota o alguno de sus contenidos y/o imágenes, pueden hacerlo de forma libre con la única condición de citar a los autores del material utilizado.

¿El fuego beneficia a los polinizadores?

Un estudio realizado por Lucas M. Carbone, Julia Tavella, y Ramiro Aguilar (IMBIV, CONICET-UNC) y Juli G. Pausas (CIDE, CSIC) ha comenzado a abrir el camino para comprender si los incendios forestales y su variabilidad en el tiempo y en el espacio son importantes en determinar la respuesta de los polinizadores a los cambios en el ambiente, así como también de las plantas y otros animales que dependan de ellos.
La nota que describe este trabajo puede ser bajada en formato PDF en: https://bit.ly/2mKxWGo

Cenizas sin paraíso

Muchos siglos atrás, los filósofos de la antigua Grecia explicaban los patrones de la naturaleza a partir de cuatro elementos básicos: el agua, el aire, el fuego y la tierra. Hoy, casi dos mil quinientos años más tarde, los científicos -herederos de aquellos sabios filósofos- continúan estudiando la relación entre esos mismos cuatro elementos y de qué manera son capaces de modificar a la naturaleza.

La Provincia de Córdoba es uno de los lugares ideales para este tipo de estudios, ya que la interacción entre esos cuatro elementos, sumado a la mano del hombre, ha producido en los últimos años transformaciones drásticas en el paisaje y en la biodiversidad de la región. Y uno de esos elementos, el fuego, ha sido un protagonista central en todos esos cambios.

En nuestro país, no son muchos los estudios que demuestren el efecto de los frecuentes incendios forestales en los ecosistemas, sobre todo en la región de bosques secos subtropicales, como los que existen en el noroeste de Córdoba. Un reciente trabajo en colaboración entre investigadores del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV-CONICET-UNC) y del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA-CONICET-UNCuyo), ha iluminado el camino para comprender cómo el fuego es capaz de moldear a la naturaleza a lo largo del tiempo.

Este trabajo, que estudió la influencia de los incendios sobre la diversidad vegetal y el suelo, fue realizado en una región de bosques secos subtropicales que se encuentra muy cerca de la ciudad de Carlos Paz, un centro turístico a pocos kilómetros de la capital de la Provincia de Córdoba.

En este caso la mano del hombre, a diferencia de todas las críticas que recibe sobre su mal manejo de la naturaleza, fue una gran aliada a la hora de comparar los efectos que produce el fuego en la naturaleza: la región seleccionada para esta investigación se encuentra separada en dos partes por la autopista que une la ciudad de Córdoba con Carlos Paz. Esta división artificial, existente desde 1971, contribuyó ampliamente para que ambas secciones sufrieran de manera diferencial la acción del fuego.

Antes que nada, es bueno precisar cómo puede conocerse la historia de los incendios en una determinada área, sobre todo cuando son regiones alejadas de centros urbanos y por lo tanto no hay registros oficiales de este tipo de eventos, ya sea que se originen de forma natural (por ejemplo, durante tormentas eléctricas) o artificial (debido a la negligencia humana). La mayoría de los árboles poseen la capacidad de “grabar” su historia en los anillos internos que forman parte de sus troncos. Debido a que el crecimiento de muchas plantas leñosas es típicamente estacional (por lo general aumenta en verano, cuando las condiciones son más cálidas y lluviosas,  mientras que se detiene en invierno, cuando el clima es más frío y seco), ese desarrollo queda marcado en forma de anillos concéntricos bien diferenciados, correspondiendo cada uno a un año de la vida de ese árbol. Contando la cantidad de anillos que posee el tronco de un árbol (para lo cual no hace falta cortarlo, sino simplemente tomar una sección muy pequeña con una herramienta similar a un sacabocados), puede saberse su edad exacta. Pero también pueden “leerse” fenómenos que pudieron afectar su crecimiento y que dejaron cicatrices en el anillo del año en el que, por ejemplo, hubo una gran sequía o un incendio.

Hablamos de una “historia ambiental” que queda impresa en los anillos de crecimiento de los árboles.

A través de este tipo de estudios, los investigadores de este trabajo lograron conocer con gran precisión los años en que cada sitio estudiado sufrió grandes incendios, utilizando como modelo a uno de los árboles más emblemáticos y resistentes de la zona, el molle (Lithraea molleoides).

Estos árboles del centro del país son verdaderos “archivos naturales” que nos permiten entender los cambios ambientales pasados. De esta manera también lograron determinar que la periodicidad de los incendios fue muy diferente a ambos lados de la autopista. En la zona sur, cuyo aspecto recuerda mucho al de una sabana, descubrieron una alta incidencia de fuego en el pasado (al menos 10 incendios en los últimos 80 años), mientras que en la zona norte, más boscosa, se registraron muy pocos incendios en el mismo período de tiempo (entre 1933 y 2015). Este resultado les permitió comparar otros parámetros para comprender cuan influyente es la acción del fuego en la diversidad de la vegetación y en la calidad del suelo.

En primer lugar, se estudiaron los diferentes tipos de plantas que abundaban en ambas zonas, encontrándose una variabilidad bastante extrema. Mientras que la zona de baja frecuencia de incendios poseía una gran cantidad de árboles y plantas trepadoras, en la región que sufrió más eventos de este tipo se registró una mayor biodiversidad, pero con abundancia de arbustos, hierbas y pastos. En este último caso, el más abundante resultó ser el “pasto rosado” (Melinis repens), una especie exótica originaria de África y que es considerada una maleza nociva en varias partes del mundo en donde fue introducida.

Los estudios de suelo también mostraron cambios radicales entre ambas zonas. Si bien la cantidad de materia orgánica y los nutrientes del suelo parecían conservarse entre ambos sectores separados por la autopista, se registró una menor profundidad del suelo en el sector con más incendios, probablemente originada por la pérdida de cobertura vegetal y el alto grado de erosión a que esa zona fue sometida luego de cada incendio. Esta pérdida de suelo conlleva a una menor  disponibilidad de nutrientes y agua, permitiendo que en esa zona crezcan aquellas plantas más resistentes a condiciones extremas, como el citado pasto rosado.

Si bien en la zona de alta incidencia de incendios también se pueden encontrar molles (aunque en un número mucho más bajo, como se ve en la foto de abajo a la izquierda), su capacidad de crecimiento se encontró muy afectada por el continuo efecto del fuego, demostrando que este tipo de fenómenos periódicos afecta de manera notable la productividad del bosque. Por otro lado, la abundancia de pasto rosado, que se adapta mucho mejor que otras especies a la pérdida de suelo, contribuiría en gran parte a que estos sucesos sean cada vez más frecuentes, ya que este tipo de plantas son altamente inflamables.

Todos estos resultados demuestran que una alta frecuencia de incendios en este tipo de bosques conduce a cambios drásticos en la abundancia vegetal, junto con una reducción en la profundidad del suelo debido a un mayor grado de erosión. Si este tipo de fenómenos persisten, es muy probable que la frecuencia de los incendios siga aumentando, y continuaría perdiéndose suelo hasta llegar a condiciones críticas que no permitan el desarrollo de la vegetación. Estos resultados no hacen más que demostrar que es necesario llevar a cabo acciones urgentes de restauración del bosque seco subtropical, tratando de evitar el inicio del fuego (particularmente el asociado con acciones del hombre) y disminuyendo el avance de especies exóticas como el pasto rosado. Comprender los efectos del fuego en la naturaleza es esencial para conservar la biodiversidad y plantear tareas de restauración, como así también para evaluar el desarrollo de actividades como la agricultura, la ganadería y el turismo.

Por: Dr. Alberto Díaz Añel (IMBIV-CONICET-UNC)

Colaboración: Dr. Esteban Kowaljow y Dr. Diego Gurvich (IMBIV-CONICET-UNC), y Dr. Mariano Morales (IANIGLA-CONICET)

Publicación citada: “A 55‐year‐old natural experiment gives evidence of the effects of changes in fire frequency on ecosystem properties in a seasonal subtropical dry forest” (2018). Kowaljow, E., Morales, M.S., Whitworth‐Hulse, J.I., Zeballos, S.R., Giorgis, M.A., Rodríguez Catón, M. & Gurvich, D.E. Land Degradation and Development 30(3): 266-277.

Enlace para descarga: https://doi.org/10.1002/ldr.3219

Desarrollan híbridos de maní resistentes al carbón

Investigadores del CONICET participan de proyectos para el mejoramiento genético de Arachis hypogaea, combinando especies silvestres y razas antiguas inmunes a la enfermedad que provoca pérdidas de hasta el 40 por ciento en Argentina.

Ver la nota completa en: https://www.conicet.gov.ar/desarrollan-hibridos-de-mani-resistentes-al-carbon/

Los ecosistemas que mejor conservan su diversidad vegetal proveen de más servicios y por más tiempo al conjunto de la población local

Un estudio sobre la conservación del bosque seco del Chaco de Argentina, publicado por miembros de nuestro Instituto y colaboradores en la Revista Ecosistemas de la Asociación Española de Ecología Terrestre, evidencia por primera vez que las zonas menos modificadas por el ser humano cuyas especies vegetales conservan una mayor diversidad funcional, son capaces de proveer a la población local de un mayor número de servicios esenciales y por más tiempo, que aquellas zonas que son o han sido intensamente usadas.

Artículo periodístico: https://www.ecoticias.com/eco-america/195399/Los-ecosistemas-que-mejor-conservan-su-diversidad-vegetal-proveen-de-mas-servicios-y-por-mas-tiempo-al-conjunto-de-la-poblacion-local

Se puede acceder a la publicación original en: https://www.revistaecosistemas.net/index.php/ecosistemas/article/view/1491?fbclid=IwAR0HlBJkcWo67BFgCbFHpeXQ6o3rb3Kl6hrIBRz0OR4kJfDzibcHlBwVo7c

Conversatorio: ¿Es viable la sostenibilidad de los sistemas de producción de alimentos?

Los invitamos a asistir a un evento que organizamos desde el IMBIV, cuyo eje será el intercambio de conocimientos y saberes entre expertos en ecología y producción de alimentos, con el objetivo de debatir sobre los modelos de producción alternativos al tradicional: ¿mejor la agroecología o la intensificación sustentable? ¿o quizás un poquito de cada una? ¿son paradigmas irreconciliables?

El mismo tendrá una estructura informal tipo conversatorio, donde cuatro expertos con visiones diferentes sobre la producción de alimentos expondrán sus ideas respecto a las problemáticas ambientales actuales y sus posibles soluciones. 

¿Cuándo? El jueves 6 de junio del 2019, desde las 9:00 hs hasta las 13:00 hs (arrancamos puntual).
¿Dónde? En el Aula O de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNC (acá la ubicación de la FCE https://bit.ly/2VTNcBg; y en la imagen adjunta la localización del Aula O).
¿Cuesta algo? Para estudiantes de grado y posgrado es gratis, los profesores e investigadores deben abonar $100 (se les enviará un e-mail con los datos para hacer una transferencia bancaria).
IMPORTANTE: Para poder asistir al evento hay que inscribirse en el siguiente formulario: https://bit.ly/2WY9ZYO

Esperamos poder encontrarles en este hermoso evento y les vamos a agradecer muchísimo la difusión. 

Día de la Fascinación por las Plantas

Desde el Museo Botánico de Córdoba, les invitamos a participar del Día de la Fascinación por las Plantas el viernes 17 de mayo de 9:00 a 13:00 hs. La propuesta busca trasmitir el entusiasmo y la fascinación por las plantas y concientizar sobre su importancia en nuestra vida. ¡Los esperamos!
¡FASCINATE EN EL MUSEO BOTÁNICO! 
Vélez Sarsfield 249, piso 1. Córdoba.

Te invitamos a fascinarte con nuestras plantas nativas a través de un recorrido por nuestras exposiciones. Además, te mostraremos cómo trabajamos en el herbario, que conserva 500 mil ejemplares de plantas desde hace 150 años.

Se dispone de cuatro turnos: 9:00, 10:00, 11:00, 12:00 hs.

Destinado a: escuelas primarias, secundarias y público general, en grupos de 30 personas (máximo).

Solicitar turno a: visitasguiadas@imbiv.unc.edu.ar

CHARLAS DE INVESTIGADORES 
Academia Nacional de Ciencias, Vélez Sarsfield 249. Córdoba

9:00 hs. Mariana Peralta: Plantas vs patógenos microbianos. Cambios en las investigaciones de antimicrobianos de origen vegetal

10:00 hs. Carlos Urcelay: Las verdaderas raíces de las plantas

11:00 hs. Juan José Cantero: Paisajes del Ambato (Catamarca): Un encuentro entre su flora y su gente

12:00 hs. Adán Tauber: El uso de la palabra en la construcción del universo

Solicitar turno a: diafplantas@gmail.com

¡Te esperamos!

II Jornadas Argentinas sobre Etnobiología y Sociedad

II Jornadas Argentinas sobre Etnobiología y Sociedad

DIVERSIDAD DE ACTORES, MÚLTIPLES NATURALEZAS

21-23 de noviembre de 2019, Córdoba, Argentina – Universidad Nacional de Córdoba

Descargar la gacetilla de las Jornadas en: https://bit.ly/2UmgGBS

Para más información escribinos a 2jaes.cordoba@gmail.com

O visitá nuestra página web: https://2jaes-cordoba.wixsite.com/actoresnaturalezas

Nos anticipamos al “Día del Micólogo” y el fantástico reino de los hongos

Los invitamos a conocer el fantástico mundo de los hongos en el Jardín Botánico de Córdoba, Francisco Yunyent 5491, este domingo 31 de marzo de 9:00 a 13:00. Habrá actividades para todas las edades. ¡Los esperamos!

IV Congreso Nacional de Ciencia y Tecnología Ambiental

Ciclo de Talleres de Identificación de Plantas Vasculares

Te invitamos al Ciclo de Talleres de Identificación de Plantas Vasculares!

Comenzando en marzo 2019, en el Museo Botánico Córdoba.

Inscribite en https://goo.gl/forms/f4BJQFMJmC8YbIaL2  

Muchas gracias!

Dr. Rocío Deanna Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV, CONICET-UNC); Facultad de Ciencias Químicas, Universidad Nacional de Córdoba, Argentina.
https://rociodeanna.weebly.com

Sandra Díaz, una referencia a nivel mundial

Por cuarto año consecutivo, la Dra. Sandra Díaz fue mencionada como una de las mentes más influyentes del mundo, y se encuentra dentro de un grupo de elite que representa al 1% de científicos más citados y referidos del planeta dentro de su especialidad. Este ranking fue elaborado en base a los resultados arrojados por la plataforma Web of Science,de la compañía internacional Clarivate Analytics, que recoge las referencias de las principales publicaciones científicas.