Un mundo bajo nuestros pies

Determinan cuáles son los hongos más beneficiosos para las plantas

En los últimos años hay una palabra que está apareciendo frecuentemente en nuestro vocabulario: biodiversidad. Esta palabra describe la gran variedad actual de seres vivos y sus interacciones, que constituyen el sostén del delicado equilibrio que existe en la naturaleza. Cuando nos referimos a ella, es frecuente que pensemos en la diversidad biológica que podemos ver, pero pocas veces nos damos cuenta que bajo nuestros pies también existe un mundo muy complejo, que además tiene gran influencia en lo que pasa por encima de la superficie.

Ese mundo, conocido como biota del suelo, está formado por seres microscópicos que incluyen virus, bacterias, hongos y otros que podemos observar a simple vista como pequeños insectos, lombrices e incluso la parte subterránea de las plantas, las raíces. Todos estos organismos interactúan entre sí y, en esa interacción, desempeñan funciones de gran importancia, entre las que podemos nombrar la regulación de los nutrientes y de los regímenes del agua, el mantenimiento de la estructura del suelo, la descomposición de la materia orgánica y la eliminación de sustancias tóxicas. Pero no todo queda enterrado, sino que estas interacciones también permiten el intercambio con los gases de la atmósfera, lo que ayuda en gran parte a la reducción de gases de efecto invernadero al retener en el suelo gran parte del carbono emitido al aire.

Uno de los componentes más relevantes de la biota del suelo son unos hongos con un nombre bastante complejo, que describe más que nada su relación con las plantas y las estructuras que forman. Son los hongos micorrícicos arbusculares, a los que vamos a llamar HMA desde ahora. La palabra micorriza proviene del griego mycos (hongo) y rhizos (raíz), y justamente define a la relación simbiótica entre un hongo y las raíces de la mayoría de las especies de plantas del planeta, incluidas las de importancia agrícola.

El tipo de simbiosis que se establece es la que se conoce como mutualista, en donde ambos participantes se benefician. En este caso el hongo provee a las plantas de nutrientes -principalmente fósforo y nitrógeno-, mientras que estas últimas les proporcionan a los primeros los hidratos de carbono que producen a partir de la fotosíntesis. A través de esta interacción, muchos de los HMA también promueven el crecimiento vegetal y la resistencia a distintos tipos de estrés, como sequía, salinidad, presencia de metales pesados, o el ataque de parásitos y patógenos. Es por ello por lo que muchas especies de HMA son utilizadas como bioinoculantes, es decir, agregando sus esporas a las semillas o a las plantas de cultivos comerciales para favorecer su crecimiento.


Esporas de hongos micorrícicos que promueven la nutrición y el crecimiento de las plantas

Los cambios en el uso de la tierra por parte del hombre, como las prácticas agrícolas, también afectan a las comunidades de los HMA. Por lo tanto, serían deseables estrategias de uso de la tierra que tengan el menor impacto posible en este grupo, particularmente en la agricultura.

Investigadores del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV-CONICET-UNC) y del Instituto de Botánica de la Academia de Ciencias Checa, publicaron un estudio en la prestigiosa revista New Phytologist donde analizaron el efecto de las distintas especies y grupos taxonómicos de HMA sobre el crecimiento, nutrición y protección de las plantas frente a distintos tipos de estrés (patógenos, parásitos, herbívoros, sequía, salinidad y metales pesados).

Hasta este estudio, no se había analizado cuáles son las especies de HMA más eficientes en la función simbiótica, en otras palabras, las especies que proveen mayores beneficios a las plantas a nivel de su crecimiento y nutrición de plantas con y sin estrés. Para llevarlo a cabo, se sintetizaron más de 3200 datos pertenecientes a 418 artículos publicados en los últimos diez años y se elaboraron rankings según la eficiencia simbiótica de las especies y grupos taxonómicos.

Entre los resultados más relevantes, las especies de HMA más estudiadas mostraron efectos moderadamente positivos y no se encontraban entre los simbiontes más ventajosos. En cambio, otras especies que demostraron ser más benéficas bajo el estrés causado por patógenos están poco representadas como bioinoculantes. Estas pueden ser algunas de las razones por las que el éxito de los HMA como bioinoculantes no siempre es evidente y que su uso sea a veces cuestionado.

La trascendencia de este hallazgo radica en el hecho de que la mayor parte del conocimiento que tenemos sobre la importancia de estos hongos en los ecosistemas naturales y agrícolas se basa en especies de HMA fácilmente cultivables, que son también las más utilizadas como bioinoculantes pero que, según el estudio, resultan tener una eficiencia simbiótica moderada.

Por lo tanto, se enfatiza la necesidad de incrementar los estudios sobre especies de HMA poco o no estudiadas para comprender mejor el papel de estos hongos en la naturaleza. Asimismo, los rankings surgidos de los análisis proveen las bases para seleccionar especies o grupos de especies más eficientes como bioinoculantes para la agricultura y la remediación o restauración de suelos contaminados o degradados. 

Autores de este trabajo por el IMBIV: Nicolás Marro, Gabriel Grilli, Florencia Soteras, Milena Caccia, Silvana Longo, Noelia Cofré, Valentina Borda, Magali Burni y Carlos Urcelay

Autor de la nota: Alberto Díaz Añel